jueves, 11 de agosto de 2011

Miradas de papel.

Cuando la rutina nos consume y nos encierra...

Miradas de papel

Alguien se sienta a mi lado en el autobús y ni siquiera le miro. No cruzamos la mirada, no intercambiamos saludos. Ninguna se interesa por lo que la otra hace, ni nos preocupamos por saber como se siente. A ninguna de las dos nos importa quien hay a nuestro lado. Si no hubiese nadie, mejor, y si hay alguien, vaya fastidio.
Cada día me cruzo con cientos de personas, quizá miles, y, ¿A cuantas de esas personas saludo? A parte de a los que conozco, una o dos, si tengo suerte. Como si las vidas de esas personas no me importasen, como si solo estuviesen para hacer bulto.
Pero las vidas de las personas en quienes ahora confio, tambien estuvieron ocultas una vez. Y un día, tuve la suerte de conocerlas.
Porque un dia decidimos cruzar las miradas y pensar en esa nueva persona. Porque cada desconocido en el mundo, podría un día secarte las lagrimas, contarte un secreto, ayudarte a dormir, a soñar, o quizá a amar.
Pienso todo esto y ni siquiera se de que color son las zapatillas de la persona sentada a mi lado. Rosas. Me he dignado a fijarme. Pero no soy capaz de subir la mirada y ver su verdadero color, el color de su sonrisa, de su expresión y de su mirada. Quiero saber que le hace levantarse cada mañana.
Cada mirada, es una historia, todas ellas son libros; son vida ; amor y odio; son lo que piensan y parte de lo que dicen; son un mundo entero.

Esa persona se va y llega otra. No me ha dado tiempo a pensar sobre su historia, descubrir el color de su mirada.
¿Y la mia? ¿qué dice mi mirada? ¿qué dice la mirada de una chica de 16 años que vuelve del instituto? Alguna de esas miles de personas con las que me he cruzado, ¿lo sabrá? Y ¿la persona que hay a mi lado?
La miro. Lleva gafas de sol, pero aun así puedo ver sus ojos. Marrones. Ahora tengo que pensar. Aparto la mirada y pienso en sus ojos. A parte del color, ¿qué más dicen?
Esta cansada, puede que preocupada, casi quiero preguntarle si se encuentra bien. Vuelvo a mirarla. Miro sus ojos y su camisa. Su camisa es bonita, blanca. Si yo llevara esa camisa, llevaría sandalias. Yo, pero ¿ella? Vuelvo a pensar. ¿Qué mas hay en sus ojos? Ella… llevaría unos zapatos marrones, de cuero, como para ir a trabajar.

Se levanta y se va. ¿sus zapatos? Marrones, de cuero, como para ir a trabajar.

Aintzane Alastruey Marchena.