lunes, 6 de agosto de 2012

Puzzle.

Soy la octava pieza de un puzle de 10.000, cuyas 100 se perdieron antes de empezar a montarlo; un componente del lego aun por acabar; la cubierta de una cerámica resbalada de unas manos imprudentes. Somos componentes de un desastre militar, y nuestras manos son dueños de sus armas. Un desastre sin vacuna jamás. Pero yo sigo creyendo en la recopilación de casos perdidos, y en hacer de ellos descubrimientos capaces de acabar el juego, dotados para construir lo que nosotros no supimos hacer. Que solo juntos seremos capaces de crear una sonrisa, esa sonrisa que edifico cada una de las nuestras. Quiero agarrarme a todas las miradas que indiquen que hay algo que encontrar, que me digan que, aunque solo sea una mínima parte, quieren compartir conmigo. Y de entre tan pocas miradas, las más bonitas son las que comparten silencios. Los ojos que me han enseñado a interpretarlos, son esos que convierten de repente el puzle en una única pieza, el lego un mundo del que no quiero huir nunca, la cerámica una caja de secretos. Después de muchos silencios incómodos, encontré labios que no necesitan decir palabra. Y ya no me valen esos que dicen que no existe un mundo ideal.

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